Relaciones tóxicas: “Atracción fatal” El narcisista y el empático

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Es común escuchar que los polos opuestos se atraen, y ciertamente dentro de las relaciones interpersonales, es frecuente que esto ocurra, sin embargo la dinámica que existe entre el narcisista y el empático supone un nivel de relación abocada al fracaso por el alto grado de toxicidad que emana.

Para comprender la dinámica se hace necesario hablar de las características particulares de ambos individuos, y en el caso del narcisista lo cual se describe en el Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales DSM-5, esta alteración de la personalidad se define como un patrón dominante de grandeza, en la fantasía o el comportamiento, además de que existe como referencia principal una enmarcada falta de empatía, el mismo no es capaz de identificarse con los sentimientos de los demás, y absolutamente no se encuentra interesado por las otras personas, excepto si puede obtener algún tipo de beneficio de ellas; muestra una gran necesidad de ser admirado y de recibir un trato distintivo y con frecuencia aunque no parezca envidia el éxito de los demás. La arrogancia y la soberbia son parte de sus cualidades, así como actitudes de superioridad y tiende a exhibir sus capacidades y logros de forma exagerada, fantaseando sus éxitos y sintiéndose un ser muy especial y único, por lo que busca relacionarse con personas de su estatus que entienden que son merecedoras de mantener un vínculo con ellos.

El narcisista se obsesiona con la opinión que puedan tener de él y cuando no es reconocido o criticado, suele mostrarse enfadado, con actitud defensiva; sentimientos intensos que pudieran llegar a la violencia y/ o la agresión. Otra de sus peculiaridades es que evita de manera desmedida sentirse débil, puesto que odia verse vulnerable o frágil ante los que le rodean, porque en lo profundo de su interior posee una autoestima baja, a pesar de que intenta ocultarlo ante los demás y suelen negarlo a sí mismos.

En cambio al hablar de un individuo empático se debe hacer mención a las características de una persona con un manejo oportuno y buen control emocional, lo que le permite tener una mayor capacidad de comprender y entender a los demás. Sin embargo, si se excede, puede convertir esta virtud en un defecto, debido a que asume el sufrimiento de la otra persona como suyo, y pierde la capacidad de establecer límites a la hora de ayudarle. Lo que significa que ser empático de manera desmesurada puede ser insano, al intentar proteger y salvar a quienes le rodean, sobrepasando y arriesgando su amor propio.

Estas características suponen el punto opuesto y de atracción para el narcisista, el cual tiene en común con el empático un conflicto emocional arraigado en la mayoría de los caso en su niñez, atribuyéndose según los expertos a una posible referencia narcisista en casa, y la ausencia de satisfacer con amor la necesidad del niño, mientras en compensación se ha alimentado el frágil ego acomodando y cumpliendo todos sus deseos como única manera de recibir el amor.

Esta fragilidad del ego y la intensa herida emocional de ambos, les une, sin embargo el narcisista a través de los años a desarrollado un trastorno en donde muestra defensas muy rígidas que le conlleva a ser un ser manipulador, envidioso, pretencioso, con altas expectativas hacia los demás y un desbordado sentido de autoimportancia. Y en su necesidad constante en busca de aprobación, validación y apoyo de los demás se pone en manifiesto el pobre concepto de sí mismo, lo que es fuente atrayente para el empático experto en amar incondicionalmente, pero que también en su trasfondo existe un nivel de autoestima bajo, poco amor por sí mismo, compensado por el ego más fuerte y estable del narcisista. El empático requiere de sentirse válido a servir y apoyar al otro, apela a la comprensión, al apoyo incondicional y a satisfacer las necesidades del otro, y el narcisista busca un amor sin límites, en donde se les admire, y se les idealice, para sentir continuamente su ego elevado.

De inicio en la relación el narcisista es quien manipula al otro, este se mostrará encantador e interesante y resaltará las cualidades y valores del empático, se comportara como la pareja mejor del mundo y le hará sentirse amado, todo con el objetivo de adquirir el control absoluto, después irá devaluando los aspectos positivos, reaccionando con rabia, furia o ira ante lo que no vaya acorde a sus deseos. Pero el empático tratara de ser aceptado, aunque es ignorado por el narcisista quien usará la manipulación para hacerle sentir culpable de los problemas que existen dentro de la relación, y cada vez que este no cumpla con sus deseos o expectativas. Sin embargo el empático persiste en tratar de sanarle, y tomará su dolor como propio tratando de suplir de alguna manera el infortunio sufrido en la vida del narcisista, hecho que le hace engancharse emocionalmente con mayor solidez, mientras se complica ante las exigencias afectivas y los deseos expresados e interpretados por este como un egoísmo debido a la insatisfacción que tiene permanente en su vida.

Al final estamos frente a un círculo vicioso mantenido en el tiempo entre la manipulación constante, la necesidad de retener al otro aún no le interese, situación que aplicará cada vez que sea necesario, logrando desequilibrar al empático y generando una dependencia emocional que le incapacita reconocer y aceptar el lado oscuro de este ser que es capaz de absorber el alma de todos los que le rodean. Y mientras mayor afecto prodigue el empático, mayor control tendrá el narcisista”.

En conclusión se hace difícil aceptar o reconocer este tipo de relación a pesar de su alta incidencia. Estas características descritas anteriormente, nos permiten identificarlas así también como el indicador evidente en un individuo que trata de asumir la responsabilidad que le corresponde al otro, en este sentido debemos prestar atención, y recordar que cada ser humano es responsable de su propio crecimiento personal, y que los límites siempre son sanos en cualquier tipo de relación y en específico a las personas que son empáticas, que se les dificulta decir “no” , debe aceptar que no todo el mundo debe ser parte de su vida, que hay quienes deben permanecer porque te ayudan a crecer pero indudablemente hay otros que es más convenientes dejarlos ir. En una relación en donde debas sobrepasar las capacidades de tus límites para complacer al otro, y en donde al final del día te encuentres desgastado y sin compensación de lo brindado, no vale la pena seguir. Recuerden, las alteraciones no se sanan, solo se modifican los patrones de comportamiento ante lo que se reconoce como perjudicial para el individuo y lo que le rodea.

PhDc. Cecilia Flores
Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta Infanto Juvenil
Neuropsicologa Clínica

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