Conmemorando el nacimiento de Enrique Blanco, el héroe del famoso merengue de Wilfrido Vargas.

Conmemorando el nacimiento de Enrique Blanco, el héroe del famoso merengue de Wilfrido Vargas.
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Rafael Enrique Blanco Sosa. fue traído al mundo el 14 de enero de 1907, en el segmento de Don Pedro de Peña en la entonces normal de Tamboril, en la zona de Santiago, siendo en solicitud secuencial, el décimo hijo de Eugenio Blanco y la señora María Ubaldina Sosa.

Su padre, que en la parte de Don Pedro Abajo y zonas aledañas era conocido como un individuo de absoluta seriedad y todo dedicado al trabajo, lo que le valió la consideración y el aprecio de ser llamado Don Gengo.

Tuvieron 10 hijos: María Ismaela (fallecida en la primera etapa), Jesús María; Estebanía Librada, Ramón Eugenio (Geno), Luis Maria “Churo”; Julio Antonio “Chingo”; Maria Bienvenida; Rafael “Enrique Blanco” y Edilia Victoria.

Su madre estiró la pata en 1929 precediendo a su hijo, el más joven de los jóvenes, convertido en salvaguarda de los estandartes centrales de la nobleza humana, cuyo acto logró la aniquilación despiadada de prácticamente toda la familia por parte del dictador.

Enrique Blanco, al igual que su padre, desde muy joven trabajó con sus hermanos en la agroindustria. Ensayaba ejercicios deportivos y en su localidad se le conocía como un jugador sólido y duro.

Apenas llegó al primer grado de la escuela nacional, por lo que apenas sabía leer o componer.

Su forma de hablar era tosca y había en su porte tosquedad y desconsideración ya que hablaba como el anticuado obrero del Cibao sin tutela.

Cuando tenía entre 18 y 19 años de edad, optó por liberar la tierra donde fue concebido y se alistó en la fuerza armada pública, entre 1925 y 1926, durante el sagrado sistema administrado por el general Horacio Vásquez Lajara, para encauzar sus deseos tácticos, acudió a un compañero de su padre, el general Pedro M Estrella “Wear piro”, valiente hombre de armas, quien enroló a Enrique como soldado raso en el Ejército Nacional.

En la presentación de sus obligaciones era autoafirmante y consideraba sus obligaciones más allá de las directrices, un comportamiento que hizo que sus amigos dudaran de ensayar la ayuda con esta persona.

A partir de ese momento obtuvo el epíteto de “cabo”, en vista de que un alto jefe militar lo dispuso para ser jefe de guardia, es decir, para andar como clase ante diferentes soldados rasos que eran importantes para una guardia, y así se asemejó durante bastante tiempo.

En un evento, mientras alababa una fiesta en la localidad de Boca Chica, se mostró en estado de embriaguez, incitando un colosal enfrentamiento donde hirió a un grupo y un disparo con la pistola que portaba alcanzó a una dama transeúnte, que falleció al ser llevada al foco asistencial del gobierno que hoy se llama Hospital Padre Billini.

En este suceso fue herido con una cuchilla en una de sus clavículas, aunque sin resultados genuinos. Cuando se examinó el caso, se le reprendió con medio año de enrolamiento en la Torre del Homenaje, condena que no cumplió, ya que cuestiones singulares del desarrollo político constriñeron un desarrollo de tropas, lo que aprovechó el alto militar que le era afín, para levantar el asentimiento, entregándolo y poniéndolo en aptitud para la administración.

El método de continuar durante su primera selección lo excluyó de ser concedido en el realistamiento, dada la colección de faltas disciplinarias en su Libro de Registro, y que el administrador de la decimoséptima organización del E.N. donde el soldado Rafael Enrique Blanco Sosa, prestaba sus servicios, excusó el anhelo de algo similar y, en la actualidad, sugirió su no reunión, a la luz del hecho de que en la vida militar este honor sólo tenía los espectadores de un plomo que los hace merecedores de tal legitimidad, que se procura con disciplina, enmienda y alma.

Según el informe del comandante, el soldado Blanco Sosa, con su comportamiento, nunca se ajustó a la disciplina militar; era dependiente de los cócteles y era un aventurero de los dados.

Estos planteamientos convencieron a Enrique Blanco de no seguir en el Ejército Nacional y lo obligaron a regresar a su patria chica de Don Pedro Abajo, donde se dedicó a su típica ocupación de ganadero de escala limitada, ya que las tierras accesibles a su padre eran escasas.

Las condiciones excepcionales que cambiaron las cuestiones legislativas hacia el inicio de 1930, cuando se rompió la solicitud de protección y el manto cívico del 23 de febrero de 1930, brindaron la oportunidad al anterior soldado Enrique Blanco de volver al campamento, teniendo un lugar para los principales meses de ese mismo año, ingresando al foco de instrucción que para entonces estaba situado en el kilómetro 9 de la autopista Duarte y dirigido por el capitán José Navarro Mejía del Ejército Nacional.

Así fue como el 24 de noviembre de 1936, Enrique Blanco tomó la pistola de su compañero indivisible y se autodestruyó gravemente disparándose en la mitad derecha de la cabeza a las 11 de la noche en la zona de Aguacate Arriba, enseñando a un joven jornalero llamado Delfín Alvárez García a recoger el premio por su fallecimiento.

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