Pedro Clisante, mártir antitrujillista. Asesinado a balazos el 14 de agosto de 1961.

Pedro Clisante, mártir antitrujillista. Asesinado a balazos el 14 de agosto de 1961.
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 Pedro Clisante, mártir Puertoplateño. La via principal interna de Sosúa fue nombrada en su honor

Por Jose Rafael Sosa.-
Olga Omayra De Las Mercedes Clisante Troche era una niña de 6 años el 14 de agosto de 1961, cuando su padre Pedro Clisante, un luchador anti-trujillista fue ultimado de 14 balazos por un militar en Sosúa, que le llamó para pedirle unos cigarrillos, en una especie de de vendetta por su accionar clandestino contra el trujillato.
Transcurría el verano de 1961. Ya los héroes y mártires del 30 de Mayo habían ajusticiado al sátrapa Rafael Leonidas Trujillo, y el ímpetu de la juventud, por tanto tiempo reprimida, se tornaba incontenible. Aun se corrían riesgos fatales al manifestar actitudes contrarias al régimen de 31 años, pues se podía ser víctima de “los últimos coletazos del tiburón gravemente herido”.
El Presidente Constitucional de la República, Dr. Joaquín Amparo Balaguer, en una alocución a todo el país, proclamó que “con el vil asesinato del Jefe, terminaba la Era Gloriosa de Trujillo y que, con su líder y fundador, también desaparecía el Partido Dominicano. Por tanto, cada ciudadano es libre de inscribirse en el partido político de su preferencia”.
Confiando en las palabras del Presidente Balaguer, muchos se inscribieron en la Unión Cívica Nacional, liderada por el Dr. Viriato Alberto Fiallo. Otros se inscribieron en el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, 1J4, presidido por el líder de más puros ideales que dio nuestro país en el Siglo XX, y que aún estaba prisionero en las mazmorras trujillistas, Dr. Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo).
A pesar de los riesgos, la efervescencia política era incontenible y contagiante. En las ciudades más grandes se realizaban mítines políticos en contra de los remanentes de la dictadura.
Mientras en Sosúa, al finalizar este mitin, fueron vilmente asesinados los jóvenes Pedro Clisante y el Dr. Alejo Martínez, quienes regresaban a sus hogares después de participar en esta manifestación multitudinaria contra los remanentes del despótico régimen.
Su nombre lo lleva hoy la calle principal de Sosúa, una vía que sin guardar solemnidad alguna por el recuerdo de este mártir, es campo abierto para el mercado sexual desenfrenado, una de las aristas desagradables del desarrollo turístico y un desafío de las autoridades para eliminar ese foco de compra y venta de carnes, y darle dignidad al recuerdo del hombre en homenaje a quien se le designa con el nombre de Pedro Clisante.
Su asesinato era uno de los últimos zarpazos del militarismo trujillista que optó por asesinar a mansalva a quienes pudieron ser ubicados, en esos agitados días que siguieron al ajusticiamiento de Trujillo.
El mismo día que se asesinaba a Pedro Clisante en Sosúa, comarca en la cual la calle principal lleva hoy su nombre y una pesada carga de comercio sexual que no le hace justicia a la trayectoria de heroísmo de este hombre, se ultimaba en Santiago a Erasmo -Bermúdez.
Pedro Clisante se había destacado por su activa lucha clandestina contra la tiranía trujillista, activando sobre todo en Puerto Plata, Santiago, La Vega y otros puntos, sacando tiempo de su trabajo de encargado de los vehículos pesados para la construcción de carreteras, bajo órdenes de José Delio Guzmán.
Pedro Clisante, de quien no sabe nada ni siquiera el Señor Google, era un dominicano que vivió intensamente. Para Google, la calle Pedro Clisante sale en la prensa cuando un motorista se suicida estrellándose contra un brazo metálico que la cierra al tránsito vehicular, cuando un hoyo enorme es denunciado por conductores o cuando los medios de prensa hablan del auge de la prostitución en esa vía.
No hay una tarja o un busto que le recuerde para las presentes generaciones, que no saben absolutamente nada de la vida de este hombre, que casado con Olga Celeste Troche Núñez, procreó una sola criatura : Olga Omayra. Era extremadamente cariñoso con su hija y siempre que podía la abrazaba y llevaba a sus piernas para añoñar su hija.
El asesinato de Pedro Clisante, el cual a diferencia de muchos otros, fue judicializado y su matador, un militar, condenado a 30 años, fue uno de los hechos más estremecedores en Puerto Plata, y su cuerpo, que fue expuesto en el centro del Parque Luperón, fue enterrado en un ceremonial masivo en el cual centenares de personas marcharon hasta el cementerio, clamando justicia y demandando la salida de los Trujillo que quedaban en el país.
No pocas personas consideran que su muerte y la de otros destacados anti-trujillistas se debió a órdenes directas de Ramfis Trujillo, quien deicidio vengarse de quienes habían luchado contra la dictadura de su padre. El mismo ejecutó a los héroes del 30 de mayo que guardaban prisión en La penitenciaría La Victoria, llevándolos a la Hacienda María, donde practicó tiro al blanco una vez amarrados a palmeras.
Su hija única y , Olga Omayra, clama por un respeto a su memoria, adecentando la calle que lleva su nombre, pide un esfuerzo de difusión de la vida de su padre para que sirva de ejemplo.
“Mi padre ofreció su vida. No temió a las consecuencias de luchar por la libertad de este pueblo. Entiendo que merece el mejor recuerdo y una calle que le haga justicia” afirma Olga Omayra.

Fuente Historia Dominicana en Gráficas

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