Para lograr una conducta positiva debemos actuar siempre con deferencia. La administración de la conducta de los jóvenes es una perspectiva extremadamente intrincada, que no es difícil de resumir en un par de cuestiones centrales. No obstante, intentaré resumir consejos y metodologías para manejar estos puntos difíciles de manera enfática.
Poner puntos de parada constantes
Los niños necesitan reglas que les dirijan en lo que pueden hacer. Establezca reglas con todos los que rodean al joven para que el individuo en cuestión sepa qué supuestos sociales se requieren de esa persona. Seguro que has oído el dicho africano de que hace falta todo el pueblo para educar a un niño. No puedo evitar coincidir con él.
Un consejo más para la conducta positiva es centrarse en un par de decisiones para que no sean difíciles de seguir. Puedes pensar en ellas en un trozo de pizarra con dibujos para que él recuerde y vea cada norma. Intenta comunicarlas con énfasis, para que no parezcan peticiones o preclusiones, por ejemplo «Comemos a gusto», «Personita sabe vestirse sola», etc.
Actuaciones para una conducta positiva
Sé positivo. Tu trato con las personitas debe ser siempre positivo, en todo caso, cuando son descorteses. Todos cometemos errores, sobre todo cuando estamos enfadados, de vez en cuando hacemos declaraciones que no queremos y al poco tiempo nos lo pensamos dos veces, ¿hay alguna razón válida para que no tengan ese derecho? Suponiendo que puedas manejar tus sentimientos en un momento difícil, les estás proporcionando algunas ideas sobre cómo pueden hacerlo. Para crear ciertas prácticas, encuéntrales logrando algo grandioso y dilo sin contenerte, para que se den cuenta de que es una conducta normal, por ejemplo: «Eres muy bueno poniéndote los zapatos sin necesidad de nadie más». Entonces, en ese momento, dales un beso o un abrazo, que es siempre el mejor premio.
Dales tiempo. Los niños necesitan tiempo para recibir instrucciones y simplemente decidir. Aclara lo que necesitas de forma obvia y momentánea y dales un momento para pensar en lo que tienen que hacer. De este modo, se decantan por su elección con plena conciencia y asumen las responsabilidades con éxito.
Dales decisiones. Utilizar el lenguaje de la decisión es una forma de que acepten los resultados de sus actividades, por ejemplo: «¿Te vas a limpiar los dientes antes de leer el cuento o después de leerlo?». Así se sentirán más independientes, decidiendo por sí mismos.
Hazles responsables de sus elecciones. Cada actividad tiene sus resultados. Una conducta positiva tendrá resultados positivos, mientras que una conducta indecorosa tendrá resultados desafortunados.
Intenta no destruirte a ti mismo
Lidiar con la conducta de los jóvenes es un trabajo difícil que requiere energía y persistencia. Para no acabar agotado al final del día, hay que recordar un par de cosas:
Elige tus peleas. Es todo menos un conflicto. No hace falta que te centres en ganar o perder, ni que tu hijo haga las cosas para fastidiarte. Recuerda que le quieres. A los niños les encanta la consideración, así que enséñale a recibirla de la manera correcta y pasa por alto las tonterías. Intenta no ser tímida a la hora de comentarle cada vez que se comporta bien y de abrazarle y besarle todo lo que necesites: ¡lo merecen!
Asume la responsabilidad. Intenta no decir: «Suponiendo que no hagas esto, se lo diré a mamá/papá/el educador». Si ha ocurrido contigo, arréglalo tú. Los niños se dan cuenta de a quién tienen que mirar por sus actividades, así que no sabotees tu poder. Un método para ampliar tu poder es decir: «Muy agradecido» en lugar de «por favor». Lo aclaro inmediatamente.
En el caso de que digas: «Cierra la entrada, gracias», es una orden y esperas que se cumpla.
En el caso de que digas «Cierra la entrada, por favor» es una súplica, una solicitud de que el otro individuo tenga la capacidad de elegir si lo hace o no. Intenta no darles ese poder.
Suponiendo que te equivoques, pide la absolución
De vez en cuando caemos en incoherencias o nos decantamos por decisiones horribles por frustración o por las prisas. Suponiendo que esto ocurra, generalmente podemos percibir nuestro error. Al solicitar el perdón se percibe que los individuos no tienen en todos los casos razón, que en conjunto cometemos errores y podemos recordarlos. No podemos anticipar que ellos deban pedir perdón constantemente y nosotros no hacerlo nunca.
Acuérdate de comentar para decirme qué problemas tienes a la hora de cuidar la conducta de tus hijos con rotundidad. ¿Es cierto que están dispuestos a tratar de evitar el pánico? ¿Creen que pueden incorporar una parte de mis consejos? ¿Hay alguno que vean especialmente intrigante? Gracias amablemente por entenderme, nos vemos en el siguiente artículo.
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